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Crea fama pero no te eches a la cama

Por Hugo Santa María, Socio de Apoyo Consultoría

6/02/12 Gestión. El viaje del presidente Humala al foro de inversionistas en España y a la cumbre de Davos hace pensar en lo mucho que ha mejorado la reputación del Perú. En enero por ejemplo, el Perú emitió deuda pública en soles en los mercados internacionales. La confianza de los inversionistas fue tal que quisieron prestarnos cinco veces más de lo que salimos a pedir y nos ofrecieron mejores condiciones que las que obtienen muchos países europeos. En el 2010, Julio Velarde fue elegido el mejor banquero central del año por la revista Emerging Markets Newspapers y en el 2011, Luis Castilla fue elegido el tercer mejor ministro de finanzas de América Latina, por la revista América Economía.

Todo esto era difícil de imaginar hace 10 años. Refleja que hemos pasado de ser percibidos como un país estancado y con serias limitaciones para crecer, a ser una oportunidad de negocio interesante. Por eso hemos escalado hasta el puesto 16 del ranking mundial de la Unctad de países más atractivos para invertir.

La buena reputación tiene implicancias importantes. Por ejemplo, ayuda a atraer inversión extranjera. Para el 2012, han anunciado su ingreso al Perú el banco Chino ICBC, uno de los más grandes del mundo; cuatro aerolíneas internacionales; dos nuevos operadores de telecomunicaciones; entre otros. Esto se traducirá en más empleo y mayor reducción de la pobreza. Una buena reputación también significa mejores condiciones de financiamiento, como lo evidencia la mencionada emisión de deuda pública. Esto repercudirá en crédito más barato para empresas y familias.

Todo lo avanzado es bueno y valioso pero no es suficiente. Sigue habiendo muchas carencias vinculadas a la debilidad del estado que pueden afectar al crecimiento y proceso de mejora a la reputación del país.

Según los sondeos que realizamos a nuestros clientes del Servicio de Asesoría Empresarial (SAE) de Apoyo Consultoría, la mayor preocupación de los ejecutivos de las principales empresas que operan en el Perú no es la salud financiera del país o la crisis de Europa, sino la falta de políticas para enfrentar la pobreza y el riesgo de mayor conflictividad interna. Es decir,  la principal preocupación de los que día a día hacen negocios en el Perú esta dentro y no fuera del país.

Actualmente, por ejemplo, el estado no tiene la capacidad operativa para que los inmensos recursos obtenidos de las industrias extractivas generen suficiente bienestar en las poblaciones cercanas a las grandes inversiones. Tampoco puede hacer cumplir efectivamente la ley en todo el territorio nacional. No esta claro el rumbo de la reforma magisterial, lo que limita las esperanzas de mejoras educativas. El sector justicia sigue esperando por su reforma y en áreas tan sensibles e importantes como la seguridad ciudadana no solo no avanzamos, sino que la situación se deteriora a pasos agigantados.

La buena macroeconomía puede seguir impulsando el crecimiento por algún tiempo, pero es ahora cuando debemos ser más ambiciosos y apuntar a un estado que pueda cumplir con su rol. Necesitamos un Midis, un Proinversión, un Ministerio del Ambiente, de Educación, del Interior y gobiernos subnacionales de la misma calidad que el BCR y el MEF. Si antes temíamos cambios drásticos en el modelo económico, ahora debemos temer que no hagamos las correcciones indispensables para seguir avanzando. A pesar de la merecida buena fama que el Perú ha logrado, no es hora de echarse a la cama.