La marcha inundada
Por Jaime De Althaus Guarderas
10/2/12 El Comercio. La escuálida marcha por el agua llegó a Lima casi en medio de un diluvio en la mayor parte del país. La naturaleza parecía estar burlándose de Arana y compañía. En el Perú hay agua de más, pero se desperdicia, no se retiene ni se infiltra y se pierde en el mar. Nada tiene que ver la minería, que usa un porcentaje muy pequeño del agua disponible. En Cajamarca no pasa del 2%. Más bien la minería –la minería moderna, ambientalmente responsable– ayuda a embalsarla para poder usarla en época de secano. Es, precisamente, el caso de Conga, donde se construirán dos reservorios que almacenarán casi tres veces el agua actualmente contenida en las lagunas que serán afectadas, y que podrán entregar esa agua en los meses en que no llueve, para mejoría de la agricultura, lo que ahora las lagunas no pueden hacer.
Oponerse a Conga, entonces, es oponerse a la cosecha de agua. La mal llamada marcha por el agua es, en ese sentido, una marcha contra el agua. Es, en realidad, una marcha contra la minería, pero no, como podría uno suponer, contra la minería informal, que es la que devasta el bosque y contamina los ríos, sino contra la formal y moderna, que en términos generales es ambientalmente responsable e incluso genera activos ambientales y construye reservorios. Y, sobre todo, genera ingresos fiscales sin los cuales no se podrá construir la infraestructura de reservorios, zanjas de infiltración, forestación y defensas ribereñas necesaria precisamente para que podamos retener y aprovechar el agua, y canalizarla hacia usos productivos.
La fracasada marcha del agua quiso ser, en realidad, una operación mediática para relanzar la vieja consigna de la izquierda marxista contra el capital, contra la gran inversión, contra la globalización. Su objetivo ha sido político. Fue un globo de ensayo para ver si las izquierdas, tan venidas a menos, podrían reagruparse con éxito en torno a una causa supuestamente ambiental y realmente anticapitalista. Han participado no solo Tierra y Libertad de Marco Arana, que no había logrado su inscripción para las elecciones pasadas, sino Patria Roja, que también perdió su inscripción (MNI), Hugo Blanco, un fósil político, la CGTP, vinculada al Partido Comunista, el Sutep, etc.
La idea de una marcha contiene un elemento épico destinado a instalarse en el imaginario de la gente. Pero queda claro que, en ese sentido, no ha logrado su objetivo. La marcha ha sido una parodia de muy escasos actores y pocos son los que han reparado en ella. Marchar por el agua debajo de abundantes lluvias es la alegoría perfecta del sinsentido. Y del fracaso, porque ni el agua logra reverdecer ideas agotadas.
